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De fines de semana, crisis y más.

Los fines de semana estamos lo suficientemente cansadas como para afrontar cada plan con un rotundo no, pero pesan más las ganas de hacer algo diferente, de salir de aquí. Así que el viernes nos apuntamos a la fiesta de danza del vientre, que era en un pub de MG, y fuimos sin saber muy bien a qué. Llegamos tarde y todos los pañuelos bonitos se habían acabado, y nos encontramos entre un montón de indias flipadas y emocionadas (era una fiesta sólo de chicas) que gritan cada vez que una mueve un poco las caderas y le suenan las monedillas. Esto nos asusta un poco y nos vemos fuera de lugar, aunque vengan y nos animen a bailar. Decimos que con nuestras tres clases no nos atrevemos, nos tomamos una cerveza y se acaba la fiesta, a las 9, que suponemos que se irán a casa con maridos y padres. Pues vaya broma de fiesta…

Así que decidimos no acabar la noche aquí, y cenamos en un portugués que encontramos, muy mono, donde por fin podemos tomar una ensalada de verdad, con su lechuga y sus cosas, mientras escuchamos música española (porque aquí no tienen clara la diferencia) y unas natas de postre.

Y el sábado Isabel nos invita a dormir. Pero Isabel vive muy lejos. Con ánimo nos lanzamos a la aventura de coger rickshaw y nos sorprende la facilidad con la que uno nos dice 150, lo que aceptamos sin pensar. Un par de horas después ya se estaba arrepintiendo, porque obviamente esto está más lejos de lo que él esperaba. El problema está en que preguntas si sabe dónde va, y te dice que sí, pero luego se para a preguntar a cada transeúnte. Tú insistes, y él afirma de nuevo, pero sigue preguntando. Si no sabes dónde vas, no pongas precio… pero lo puso, y luego quería 100 rupias más. Como quedamos con Isabel en un sitio bien pijo, se debió pensar que estábamos como para derrochar, y decide alegar que no sabe inglés para montarnos el pollo delante de la boda india de turno, llamando a todos los invitados y guardias a ejercer de jurado. Todo el mundo asegura no estar entendiendo, no saber inglés, y  no estar interesado en este asunto. Así que me enfado, le digo que es un jeta, que o coge las 150 o nos vamos, no entiende, nos vamos, nos persigue, nos siguen todos, uno me pregunta que de dónde somos (¿pero no decía que no sabía inglés?) y al final me arranca el dinero de la mano y se va. Y allí nos quedamos con esta gente esperando a Isabel, que llega más tarde de lo que nos hubiera gustado.

Ella vive en un barrio bonito, en una casita pequeñita y acogedora con las paredes amarillas y naranjas, reutilizando los huecos que los indios dejan para sus dioses como joyeros. Tiene también una terraza desde la que se ve un edificio gigante de gente rica que tiene luz cuando la suya se va, y en la que se puede tomar uno una cerveza tranquilamente. Nos acoge, hablamos de proyectos interesantes aún no publicables, de la manera correcta de sacar vacaciones, nos da una lasaña buenísima y fuet que trajo de España (y aquí se revalora), y un pastel que sabe a gloria, incluso Ferreros para celebrar que se acabaron nuestras discusiones con la justicia. Intercambiamos pelis y revemos Despicable Me porque Ana no la había visto, y fue la única que se la durmió. Y nos hace sentir… como en casa, o con amigos, o acogidas, o queridas. Y nos deja la sensación de no querer irnos de allí… pero lo tenemos que hacer.

The Bieber Pub

El domingo volvemos por la mañana, Ana da sus clases, yo me preparo las tareas de turno, y después un alumno nos invita a tomar una cerveza en un lugar en el que la fabrican ellos. Suena bien, así que nos pintamos el ojo y allá vamos. El sitio es pijo con ganas (pero ya hemos reflexionado sobre lo que nos corresponde y lo que no), nos sientan en una mesa a los tres y probamos todas las cervezas de la carta más una pizza deliciosa mientras reflexionamos y aprendemos sobre la India y sus costumbres con el primer autóctono abierto de verdad que conocemos. Sus ideas nos sorprenden (por lo parecido a las nuestras) y nos promete llevarnos algún día a bailar. El sitio merece la pena y nos vamos tan contentas.


Y el lunes paseamos la ciudad buscando un pañuelo de monedas que no conseguimos encontrar… pero ver el sol, sentir el calor en la piel, mover las piernas y respirar el aire contaminado nos da fuerza. Aunque esto es siempre efímero, porque dura un día a la semana y hoy, encima, ha vuelto la secretaria a poner de manifiesto su enorme inutilidad y su escasa capacidad de tomar decisiones a pesar de hacerse llamar coordinadora del centro (desafiando así años de cursos y experiencia aprendiendo qué es un coordinador y qué no). Y los días van pesando, y la oscuridad de la escuela nos deprime los 6 días laborables a la semana. Y no sabemos si anteponer esos lunes de sol o el resto de semana a oscuras, si compensan los días libres sin salir de la ciudad con las semanas trabajando delante del ordenador para crear algo que sabes será inútil y lo guardarán junto a lo que crearon todos los profesores que pasaron antes por aquí…

Tiempo de crisis, y de incertidumbre. Hay que sopesar.

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2 cerca de veras!:

La niña del mar dijo...

Fuerza, membri!!! Y si te falta, te voy a buscar al aeropuerto en cuanto me silbes;)

Loveyou!!! Mua!

C.Catalán dijo...

Vaya, hacia tiempo que no pasaba por aquí!

Ya me he puesto al día y he de decir que:
- No te sientas impotente. Lo que creas siempre, siempre tiene un resultado :)
- Creo que estás viviendo algo muy grande, aunque a veces se ponga duro. Vives, y sientes, eso es lo importante. Disfrutalo y no pienses mas en volver! LA INDIA AUN TIENE COSITAS GENIALES QUE ENSEÑARTE ;)

Te echo mucho de menos, mucho ánimo!

Te quierouuu

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