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Del principio del final, y más.


Hay cosas que hay que explicar, si no la gente se puede liar… y hay que explicarlas bien. Y por eso he tardado tanto en dar la explicación. Por eso y porque la vida no está siendo tan fácil. Por eso y porque ya no me acuerdo de cómo se escribía. Y es todo culpa de Manolito Gafotas, que aunque me está ayudando a aclarar muchos de los porqués de mi personalidad (y de la de Sara), acaba con mi lirismo.

El caso es que se acabó, que nos vamos. Dimos el anuncio hace ya cosa de un mes, aquella misma tarde fuimos a celebrarlo, y queríamos irnos inmediatamente, pero nos ha podido la buena fe.

Y las razones tampoco es que hay que explicarlas… porque sí, es verdad que firmamos un contrato en el que claramente estaba escrito cómo iba a ser esto, con el que supimos que no sólo no nos íbamos a hacer ricas sino que además tampoco íbamos a ahorrar tanto como para comprar el billete de vuelta. También decía que íbamos a trabajar 45 horas semanales sin pausa, no nos engañemos. Pero había cosas que no estaban escritas, y que puede ser que nuestro concepto del mundo las considerara obvias, pero no, no estaban escritas.

Así que no estaba escrito que, aparte de ser profesoras, tendríamos que sacarle las castañas del fuego a las jefas y rehacer todo el material didáctico de la escuela sin tener muy claro cómo hacerlo. No nos dijeron que nos convertiríamos en formadoras de profesores indios que quieren dar clases de español sin conocer el idioma. No nos hablaron de que, hiciéramos lo que hiciéramos, y trabajáramos lo que trabajáramos, jamás se iban a reconocer nuestros méritos, no volveríamos a ver una sonrisa y seríamos tratadas como lo más ínfimo de la escuela. Ni mencionaron que por estar en la India perdíamos inmediatamente el derecho a tener derechos… humanos. No comentaron que a mitad de curso nos pondrían una jefa nueva a la que habría que explicarle cada una de las actividades que estábamos haciendo, lo que nos pareció una buena idea si era para que diera su bendición e incluso pensamos que tendríamos un líder pedagógico, pero no, era para que la tercera en cuestión se enterara de cómo los profesores normales organizan sus clases. No firmamos por ser las únicas que podíamos solucionar cada uno de los problemas de la escuela sin que nadie nos pregunte o informe primero de que tales problemas existen. No decía el documento que tuviéramos que traicionar nuestros principios y tuviéramos que ponernos a mentir a alumnos, trabajadores y compañeras de trabajo sobre asuntos que no iban ni venían. Y, por supuesto, no vi en el contrato que, aparte de ser profesora de español en la India, estuviera vendiendo mi alma a las clases más altas de la ciudad para conseguir que se hicieran aún más ricas, eso no recuerdo haberlo leído.

Así que volvimos de la playa, relajadas, reflexionadas, exhaustas de evasivas y cansadas de mentiras, y después de una reunión en la que la jefa me echó la bronca porque no rellenamos unas hojas que hay que firmar cuando entramos y salimos de la escuela, cuando subimos y bajamos a comer, y cuando vamos al baño (firmadas por nosotras asegurando que nos vamos, y por la secretaria asegurando que nos ha visto… todo esto teniendo en cuenta que nos desplazamos como muy lejos a casa, que es el piso de arriba), y asegurarme que mis alumnos están contentos conmigo, que ella está contenta conmigo, que el mundo entero está muy contento conmigo, pero que es inconcebible que olvide firmar cuando bajo a la oficina, después de esto, le dijimos que nos íbamos. Que podía empezar a buscar profesores en cuanto quisiera.

Y allí estábamos, las tres jefas, la secretaria (a la que han dejado de pagar y sigue en la escuela por ver si algún día le llega el ansiado cheque), la criada (que está buscando trabajo en otro sitio pero nadie lo sabe) y nosotras, asumiendo todas que sin nativos la escuela se tambalea, pero contraatacando con el argumento de que, bueno, como bien nos han dicho en numerosas ocasiones, los profesores indios son mejores que nosotras, así que el mundo tampoco se acaba. Tuvo que admitir, al final, que va a ser incapaz de encontrar a alguien que dé nuestros cursos, y nos comprometemos a acabarlos, quedándonos un mes más, este en el que estamos. De ahí lo de la buena fe.

Y con el miedo de aquella de que si hacemos algo mal no nos paguen el último mes, nos hemos comportado como angelitos, acabando los exámenes que ella no va a poder preparar, asintiendo a órdenes y mandatos, organizando reuniones para explicar a numerosos profesores cómo se utiliza el libro, así llegamos al día de hoy. Día en el que sí, se han cancelado los lectorados, acabando así con la esperanza de miles de profesores que veían cierto futuro en aquello, y dejándome a mí preguntándome si hemos hecho lo correcto, si la solución es volver al país de origen, en el que se acabó el trabajo, se acabó la lógica, y se acabaron también los derechos…

Me contesto que sí, que la decisión está tomada y es el momento. Es posible que no encuentre nada en España, es posible que el futuro pinte mal, que la esperanza se acabe, que la angustia y la depresión se estén haciendo con todos los jóvenes parados del país, pero aún así… debería merecer más la pena ir a luchar por lo que creo que quedarme aquí explotada y amargada. No sé cuál es el siguiente paso en el camino, sé que lo doy segura. Que queda una leve, lejana sensación de fallo, pero en las cenizas del fracaso está la sabiduría, y no hay arrepentimiento porque sé que quería venir, quise tener la experiencia, quise formar parte de esto, y lo hice. Merezco más la pena de lo que me han hecho creer, me repito que sí valgo, que sí habrá gente que quiera tenerme en sus filas, que puedo volver a quererme y a seguir creciendo a pesar de que aquí me repitieran que no, que necesito evolucionar y dejar de pasar mis semanas en una sala pegada a un ordenador sin reconocimiento ni sociedad. Que para qué voy a seguir robándome mi tiempo a mí misma. Que aquí no lo estoy aprovechando, y todo el tiempo que tienes lo deberías aprovechar, no permitir que ese tiempo perdido se aproveche de ti

Así que se acabó. En una semana estamos fuera. Pero, por supuesto, no es la India lo que me ha decepcionado, mi sensación de pérdida, de desastre no viene por el país. Cerramos la maleta, nos disponemos a volver a casa… pero hay dos maneras de volver donde ya se estuvo,una es darse la vuelta, y la otra darle la vuelta al mundo. A por la segunda vamos, nos concentramos en el norte indio y en Tailandia, y que empiece el viaje.


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3 cerca de veras!:

La niña del mar dijo...

Y que estamos deseando tenerte de vuelta, carajo!
No tardes ;)

silver dijo...

All's well that ends well :)

*Alba!* dijo...

Que consigas meter en un texto de tal calado y tal profundidad una cita reggaetoniana confirma que soy tu fan número 1!

(aún así, ya sabes que yo siempre marco que me iría contigo... ¡allí donde estés y contra viento y marea! siento el retarder en mis lecturas (y en otras cositas que por aquí no digo, pero que tú conoces :P), pero nuestras conversaciones me tienen actualizada y me despisto de tu blog... y que llevo dos semanas sin ordenador propio, que también hace)

Te quierou!

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